URIOSTEGUILANDIA: DONDE TODO ES CULPA DE OTROS
Por Domitilo Evangelista Díaz
Dice el presidente municipal de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, que al Municipio de Cuernavaca no le corresponde borrar grafitis ni retirar frases pintadas en la vía pública porque —asegura— su gobierno es profundamente respetuoso de la libertad de expresión.
En su lógica peculiar, lo mismo aplica para la basura, los incontables baches y los socavones que proliferan en la capital de Morelos: son “libres manifestaciones” del deterioro urbano; expresiones legítimas del abandono, de la falta de mantenimiento y del paso del tiempo. Y como este gobierno respeta todo eso… simplemente no lo atiende.
Poco importa que la capital turística del estado luzca hoy como nunca en su historia reciente: calles desechas, basura por todos lados y espacios públicos degradados. Cuernavaca muestra hoy su peor rostro y el Ayuntamiento parece empeñado en llamarle “renacer”.
Ahí están las pruebas: las calles Plan de Ayutla, en la colonia Miguel Hidalgo, y la de Tabasco, en Las Palmas, donde ya se invirtió dinero público y hoy lucen semidestruidas por la pésima calidad de las obras. Ambas fueron “reparadas” este 2025, pero la intervención municipal no resolvió nada: lo empeoró todo y el pretexto es que “el drenaje tiene cerca de 50 años, entonces hay que hacer una obra mayor y ahorita no hay recursos”.
Lo mismo ocurre en la calle Cuauhtemotzin de la colonia Centro, donde apareció una glorieta improvisada con cartones para alertar que robaron la tapa de una coladera. Pero otra vez, el Ayuntamiento se declara inocente. Los culpables son los peatones, los automovilistas, los vecinos… nunca la autoridad, que solo es responsable cuando se trata de cobrar impuestos, multar o extorsionar.
La lógica se repite en la seguridad de las plazas comerciales: si hay violencia, robos o balaceras, la culpa es de los guardias privados. Si hay homicidios, son “pleitos entre bandas”. Si hay robos, es por descuidos ciudadanos.
Porque en Cuernavaca, la seguridad y los “saldos blancos”, son por decreto. Y por decreto también, el Buen Fin transcurrió en “la más absoluta tranquilidad”, excepto por dos asaltos en dos de los principales centros comerciales del estado (Sam’s y Costco), y otros delitos que el gobierno municipal atribuye a los descuidos de la ciudadanía, no a las fallas de su propia autoridad.
Así, por decreto, Cuernavaca siempre tiene “saldo blanco”, aunque las cifras y los hechos digan otra cosa. Porque antes ya habían ocurrido incidentes violentos en Averanda, Plaza Galerías, Forum—hoy Outlet—, Plaza Cuernavaca y recientemente en Home Depot. Pero según el Ayuntamiento y sus sacrificados funcionarios, ellos solo son víctimas de “guerra sucia” y de exigencias que rebasan su capacidad de respuesta.
La realidad es más simple: el edil y su corte de funcionarios están dedicados, con devoción absoluta, a vivir los “dos años de Hidalgo” que les quedan.
Y mientras ellos se reparten el botín de fin de trienio, la ciudad se cae a pedazos.
Así que, si usted ve un socavón, basura acumulada, baches eternos, fugas de agua, árboles talados, semáforos muertos o delincuencia al aire libre, no se atreva a incomodar al presidente Urióstegui Salgado. Él y sus succionadores presupuestales más cercanos, ya tienen suficiente trabajo: seguir convirtiendo el dinero público en privado.
Porque en Uriosteguilandia no gobiernan: solo cobran, extorsionan y hacen negocios talando árboles o vendiendo pipas de agua al por mayor. Y, eso sí, ellos nunca son responsables, son otros, a los que les llaman “ciudadanos”.




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