Perla Martínez Justo
La unión de dos personas que se dicen amar, que fueron novios, cómplices y amigos antes de llegar a firmar un contrato nupcial.
Todo comienza desde la planificación de la boda, cuántas veces no hemos escuchado que la prometida o la novia es la qué decide todo, en algunos casos , me atrevo a decir que la mayoría, la boda es un evento magistral, claro si es por la iglesia, por el civil no importa cómo te cases, si en boda comunitaria, si haces fiesta o no, aquí la efectiva para la sociedad en nuestra cultura es la boda religiosa, pero no cualquier religión, la católica, por qué si te casaste por otra religión, pareciera que a los ojos de la sociedad no te casaste, y para agregarle cereza al pastel, y más crema nada más te puedes casar una vez en tu vida por la religión católica, así que debes de pensarlo muy bien, por qué si te separas, no te puedes volver a casar , hasta que al otro se lo lleve “San Pedro”.
Los preparativos son de lo más estresantes, que si la decoración, que si el vestido de novia, que si las damas de honor, que si el fotógrafo, si bien te va obtienes ayuda de otras mujeres tú mamá, tú futura suegra, tus amigas, y entre todas comparten ideas para que ese día, tú puedas estar contenta. Y poder compartir, ese grandioso día, con gente que quieres y hasta con la que no te es tan, si no es que te da un derrame en el proceso, por qué a muchas no las ayuda nadie; muchas escogen su vestido solas, o con los suegros que van solo por qué tienen que pagar la boda, y aunque no les agradas mucho, pues ¡ya qué!, te llevas a su “tesorito” y no les queda más que aceptarlo, por qué el novio no puede ir ,es de mala suerte verte con el vestido antes de la boda, como si no fuera mala suerte desde el principio tener que preparar todo y no tener derecho a equivocarte por qué ya no te puedes volver a casar con otro al menos que se muera.
Desde ese momento muchas vivimos violencia económica, está donde pues como ellos o el novio pone el dinero, tú solo obedeces o con habladurías escoges lo que tú quieres, no con mucha comodidad y en algunos casos cediendo a las miradas e indirectas de los demás.
Donde el novio muchas veces te dice:
“Ya me dijeron mis papás que fuiste y escogiste los zapatos y el ramo que te dijo tu madre no el que tú querías, y están bien enojados y ahora se van a hacer las cosas como nosotros digamos no como tú y tú madre digan”
Perdón me proyecté, y sí es que ahora que pasaron 6 años y estoy divorciada me doy cuenta que esa era una señal, una señal de todo lo que me esperaba y no quise ver, o no pude verlo, porque aunque me revelé en ese momento, después no pude hacerlo más y cedí, así como cedemos muchas de nosotras ante el machismo en el hogar.
Cuando hablamos de violencia en el matrimonio nos encontramos con varios desafíos al sistema machista y misógino en el que vivimos.
¿Por qué te sometes a las miradas y habladurías de los demás?, ¿Cómo te eligieron a ti para casarse, si una buena reputación no tenías?
Qué solo te vas a casar por interés, y el otro ni siquiera tiene casa propia o carro.
¿Cómo es posible que esa se vista de blanco si ya hasta se quedaba a dormir con el novio?
Adjetivos denigrantes de otros hombres hacia otras mujeres.
¿Qué es el matrimonio? ¿Es casarse y plasmarlo en papel?, ¿Es una boda con personas que ni conocemos y vestido blanco? Solo para decir me casé, tal parece que al casarse las mujeres firmamos un contrato en el que ser “esposa” es el máximo y eso conlleva una gran responsabilidad, y nos dedicamos al esposo, y después a los hijos, porque, todavía hoy en día, para muchos ser esposa es igual a ser madre, entonces las mujeres comenzamos a cuidar de todas las personas a nuestro alrededor, menos de nosotras por tener el matrimonio si no perfecto, funcional. Pero, ¿funcional para quién?, para los ojos de los demás, para la sociedad, y sin pensarlo a veces sin sentirlo, comenzamos a vivir en un círculo de violencia, dónde toleramos cosas intolerables, dónde llevamos la mayoría, y en ocasiones toda la carga de la casa, de los hijos, obteniendo cero colaboración o muy poca de nuestro compañero al que decidimos llamar “esposo”.
En el proceso perdemos nuestra identidad, nos volvemos la esposa, la prometida, la mamá. Invisibilizando nuestros nombres y nuestros apellidos, nos adaptamos, para llevar encima de nuestros hombros la familia, y todas las responsabilidades que está conlleva para nosotras, las cargas emocionales de todo el que comparte el mismo techo.
Nuestros pensamientos y acciones giran en torno a las necesidades de los otros de esos habitantes de nuestro hogar que se vuelven cohabitantes en nuestra mente, les resolvemos, les damos les ofrecemos, ayuda, cosas, tratamos de aligerar su carga cuál sea, cargándola en nosotras.
Y comenzamos a esperar.
Esperar a que alcance, esperar a que los niños crezcan, para poder realizar otras actividades, esperar a que tú marido tenga un mejor empleo, esperar a que tú puedas estudiar, esperar a que puedas titularte, eso no es importante en este momento, en este momento lo son tú esposo y tus hijos, y así pasan los años, dos, tres, cinco , seis.
Y es que no solo cuando estamos en matrimonio pensamos nos sentiríamos incompletos sin el otro, sin el hombre con el que te casaste, si no que estaríamos fracturando nuestra familia, la familia que tanto soñamos, la que muchas de nosotros no pudimos tener, y ya vivimos ese fracaso o muchas de nosotros nunca la tuvimos, por qué solo crecimos con mamá, mamá dándolo todo, y sin la figura paterna , y ahora tú vas a provocar la ruptura y que se repita la historia por querer divorciarte, la palabra que más miedo nos da “divorcio”, por qué entonces divorcio es igual a fracaso, divorcio es igual a pérdida, ¿Dónde va a quedar todo lo que sacrificaste?.
Tus sueños, tus ilusiones tus planes, tu familia.
Entonces con tal de mantener lo más posible está ilusión de tú familia te conviertes en madre no de un o dos infancias, si no que maternas a tú esposo, le solucionas cualquier cosa o imprevisto que tenga aún por encima de tus necesidades, desde realizarle cualquier papeleo por qué el no puede o no se le facilita, hasta servirle en la mesa y ponerle todo lo que necesita, sin que el mueva un dedo, por qué claro el ya trae su parte económica y aunque tú también lleves dinero a la casa es como si no valiera tanto como el de él.
Vivimos en un mundo de promesas sin cumplir, sueños inconclusos, y metas sin cumplir.
Si estás viviendo una situación donde te sientes identificada, puedes buscar ayuda y acompañamiento para poder salir de ese círculo de agresiones, y violencia.
¡No estás sola!
Estás son algunas colectivas que te pueden ayudar, en el Estado de Morelos.
@Feministas Revolucionarias Morelos
@Divulvador@s
Perla Martínez Justo Activista Feminista
Integrante de la Colectiva Feministas Revolucionarias




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