Por: Alfredo Soberanes 

NARRATIVA DEL HARTAZGO: LA MARCHA

El sábado, la Ciudad de México fue testigo de una movilización que más allá de las cifras oficiales, resonó en el corazón político del país. Convocada por la “Generación Z”, la marcha contra la inseguridad y las políticas de la 4T se convirtió en la primera gran demostración multitudinaria del sexenio, extendiéndose desde el Ángel de la Independencia hasta cimbrar el zócalo capitalino. 

Si bien, la presidenta Claudia Sheinbaum sigue siendo popular y la oposición está desorganizada, las protestas señalan una frustración generalizada en un momento de creciente enojo por la persistente violencia. El asesinato de un alcalde que había pedido mano dura contra los delincuentes, el aumento de las extorsiones y la presencia de cárteles equipados con armamento militar en algunos estados, han agravado la situación. 

Y aunque la semana pasada, desde la Mañanera del Pueblo, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, describió las protestas como una campaña “inorgánica, pagada” organizada por opositores, alegando una inversión de casi 5 millones de dólares en su promoción en internet, a la convocatoria original se sumaron diversos grupos, desde el Movimiento del Sombrero, nacido tras el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, hasta médicos exigiendo el suministro de medicamentos. Esta amalgama de causas reflejó un descontento generalizado, aunque las consignas más repetidas fueron un claro ¡Fuera Morena! y ¡Fuera Claudia! 

Independientemente de quién haya organizado las manifestaciones, muchos jóvenes describieron una frustración extensiva relacionada con la injusticia, la inseguridad, los desaparecidos, la falta de educación y la falta de empleo. Vestidos predominantemente de blanco, los manifestantes entonaron el Himno Nacional al ingresar al Zócalo, celebrando haber superado los obstáculos impuestos por el gobierno capitalino, que había bloqueado el acceso vehicular con barreras de concreto ¿Miedo?

En medio de la protesta, una consigna resonó con fuerza: ¡Carlos no murió, el gobierno lo mató! Y  aunque esta consigna pueda carecer de sustento relativo a los hechos, su repetición y la conexión emocional que generó dotó de identidad, a parte del movimiento que se manifestaba. No se puede legitimar, ni desacreditar todo.  

Omar Cortés, de 19 años, reconoció que la revocación de la presidenta es poco probable, pero destacó la importancia de mostrar al gobierno que están dispuestos a llegar a ese punto, ya que “cuando los de abajo nos movemos, los de arriba se caen”.

Sin liderazgos políticos visibles ni un templete central, la manifestación se detuvo frente a las vallas metálicas que protegían Palacio Nacional, fue ahí donde la tensión escaló, cuando un grupo de jóvenes (muchos con el rostro cubierto), intentó derribar los cercados que cubrían Palacio Nacional, provocando la reacción de los policías antimotines, quienes dispersaron a los manifestantes con gases y polvo irritante. Este enfrentamiento dejó un saldo de 120 heridos, tanto policías como manifestantes. Desafortunadamente la violencia al final de la protesta dejará mancha, aunque la mayoría se manifestó pacíficamente. 

Lo cierto es que… la marcha del sábado que amalgamó diversos movimientos, no solo evidenció el descontento social, sino que también planteó interrogantes sobre el futuro político del país. La capacidad de cualquier movimiento para modular una historia reflexiva y movilizar a la sociedad será determinante para desafiar al régimen actual. Más de 20 mil mexicanos en punto neurálgico de la nación dice mucho; el hartazgo social poco a poco está alzando la voz. 

¡Gracias por su confianza! 

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