Jesús Sedano 

Los altares, representación sobre la muerte, con alegoría y significados los morelenses prepararon para recibir a sus Fieles Difuntos. El fin pasado, entre las comunidades encontramos altares, entre dos a siete niveles, representan la división del cielo, la tierra o inframundo. Estos son cubiertos con manteles, papel picado, hojas de plátano, petate.

En lo más alto, la imagen del Santo de la devoción y en los demás niveles las fotografías de los familiares difuntos. Cada altar tiene su propio significado e interpretación, el copal e incienso, elementos de la cultura popular. Los elementos fuego, agua, aire, tierra; también, están presentes.

La familia se reúne para dar la bienvenida, ofrendar, tras haber sido levantada la ofrenda han perdido su aroma y sabor los alimentos, se dice, los Fieles Difuntos se han llevado la esencia.

En Resumen, comparta con ustedes, en la comunidad de Coatetelco las Animas flotan y por ello, sus ofrendas son colgantes. Elaboradas con una cama de acahual, tejida con ixtle, y se coloca como mantel las hojas de plátano.

Ocotepec, nueve días antes se colocan las mesas o altares, para realizar los rosarios, mejor conocidas como: ofrendas nuevas, acompañadas con cohetes, el repique de campanas para quienes fallecieron este año 2025. Se les espera con la tradicional ofrenda de cuerpo presente. 

Al recorrer el pueblo, nos damos cuenta de la ofrenda nueva al momento de ver el camino de pétalos de cempasúchil. Ahí, esperan difunto nuevo. La cereada mantiene viva la memoria de los difuntos, es decir, llevan una cera nueva, pan, flores y los de la casa ofrecen alimentos. Toda la noche se vela y se escucha la música.

Tetela del Volcán, hablar de la ofrenda nueva, es para quienes fallecieron tres o dos meses antes al Día de los Muertos. Se visita a los familiares y se lleva un jarrito nuevo de barro, una cera, flores, pan elaborado en los hogares de la comunidad. Rezan el Santo Rosario, los deudos preparan alimentos para ofrecer durante el día y la noche. 

Tepoztlán, los altares lucen entre el copal, el repique de campanas por las capillas de sus barrios. El uno de noviembre, por las calles se sale a pedir ¡Una limosna para mi calavera! Acompañados con una chilacayota, previamente intervenida, en su interior una vela ilumina el caminar.

El pueblo acostumbra La Octava, es decir a los ocho días vuelven a elaborar una ofrenda a menor dimensión y salen a pedir calavera.

La historia oral platica, las animas llegan a partir del mediodía; es decir, el 28 de octubre, llegan las almas de quienes murieron en accidente o por manos violentas. 31 de octubre, es destinado para las almas de los niños, niñas, llamados angelitos. También, adolescentes y jóvenes, todos aquellos que no llegaron a la edad adulta.

1 de noviembre se esperan a todos los Santos y Fieles Difuntos, mejor conocido como el Micailjuitl, Fiesta de los Muertos.

Nuestra riqueza y diversidad de la tradición, es visitar las tumbas para iluminarla, velarla con oraciones, cantos, música en memoria de nuestros familiares difuntos.  

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