Jesús Sedano Hernández

Nos encontramos en el mes de octubre. En Resumen, ya hay pan de muerto. Un año más, para sorprender a los vivos con el antojo de volver a probar uno de los elementos que acompaña la ofrenda a nuestros fieles difuntos.

Sobre nuestra mesa, no puede faltar y compartir con la familia que sigue viva.  Consentir a nuestro paladar, antes de ofrendar.  Cada vez, encontramos mucho antes de lo habitual, el pan de muerto en varios sabores, ingredientes y presentaciones.

¡Ya huele a pan de muerto! ¡ya está a la vista el pan! su venta comienza a registrarse cada vez más temprano y su precio aumenta como parte de su demanda.

Como seres humanos nuestro instinto de continuar con los procesos de ritualidad, tradición, de ofrendar a Nuestros Fieles Difuntos para finales del mes de octubre y los días 1 y 2 de noviembre.

Escribo estas líneas, después de entablar un dialogo con actores culturales sobre ¿debemos mantener las costumbres, tradición, ritualidad? ¿Estamos en tiempos de ver morir nuestro pasado?

Como sociedad ¿Cuál es la relación con la tradición?, cada sentido y posibilidades para entendernos y mantener el arraigo cultural del cual fuimos creciendo; sin duda, una conversación acompañada de café, chocolate caliente o bebida fría y un pan de muerto.

La palabra modernidad, aleja aquello que se dice que es y que está. Nuestros vínculos sociales se pueden interpretar y desarrollar a través de uno. Mencionaron ¿a quién le dan pan que llore?

¿Ya probaste el pan? Otros comentan, un empuje al consumo. Las típicas frases: Estamos en tiempos de lluvia y calor, el café se antoja con pan, pero con pan de muerto.

El año está entrando a la temporada de decir: adiós a la dieta. Sin duda, comer un buen pan. Y sí, ahora puedes hacerlo con un pan de muerto. 

Porque para el antojo… no hay temporada.

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