Por: JUAN LAGUNAS

Ni en una clínica de “Las tempestálidas”, de Gueorgui Gospodívov, podría recordar ese sitio, en que el frío y el fuego rodearon los brazos de mi padre. Sólo atisbos. Iconografías que se subliman en el pensamiento. 

         ¿Quién ideó ese ascenso? No lo sé. Ni me interesa. El destiempo es anterioridad (efugio del presente incierto; dependencia compleja con el día anterior: el de allende, que se olvida). No me pliego a la memoria de la falacia ad baculum (hacia el bastón). No entiendo esa angustia, puesto que, en gran medida, sólo la vi. En dado caso, brota el disimulo. 

         Mi corazón, ahora, está a mar abierto (en la oscuridad que desprende el apresto del batel no visto). 

La filosofía de Simone Weil; específicamente: “La atención y el sufrimiento”, describe la vigilancia como un acto de vaciamiento radical del yo, una receptividad despótica y desprendida hacia la realidad; en especial, la del sufriente. No hay posicionamiento: admisión al aliento del ajeno. 

Ínterin, en el poyo, la cesta lacrada. Adentro: fotografías, una ajorca, bezotes, naipes y vacante de frases. En sí, una afluencia de desconocimiento indefinido (en la descomposición del grao). 

El fondeadero es forma. E. E. Cummings lo expone:

en algún lugar al que nunca he ido, gozosamente más allá

de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:

en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,

o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

         Apareces y, statim, pierdes corporeidad. Siempre ocultas algo. No contestas. Hablas… Piensas de mí (sin mencionarme). Rumia, tandem.

Periurium

         Quebrada de desprecios: la pilastra del momento (que no acaba, puesto que inicia en el fin del comienzo). Luego, el asombro: el desorden de la narración ¿Quién escucha? Sólo asientas el rostro o tocas mi hombro. Señal: indiferencia. ¿Y el vate? Acá:

tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo

aunque me haya cerrado como unos dedos,

tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera

(tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa

         En la madrugada (aún durmiendo), el procedimiento de la posición ventral (decúbito; alguna ocasión lo escribí). En aquel tiempo, cada bráctea era un desecamiento en el balaustre (sobre caliza). 

         Ante eso, Henry Miller expresó: “Un libro que permanece inactivo en un estante es munición desperdiciada”. Gloso: un vademécum -que subsiste indolente en una repisa- es bastimento desaprovechado. Translitero: cierro mis ojos en la reclusión. 

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