Por el Dr. Angel Darien Zapata Marin
La llegada de nuevos jueces y magistrados al Poder Judicial Federal abre la puerta a la renovación institucional, pero también ha generado tensiones internas, particularmente por intentos de desplazar a personal de base o de confianza.
El servicio civil de carrera en el PJF es una de sus mayores fortalezas. Sus integrantes aportan experiencia y estabilidad, por lo que excluirlos injustificadamente debilitaría a la institución.
En un país con ánimos caldeados, estas decisiones pueden interpretarse como excesos, los que podrían convertirse en símbolos de ruptura y alimenten narrativas de enfrentamiento dentro del propio Poder Judicial.
El riesgo no es menor. En un clima de polarización nacional, donde las instituciones están bajo la lupa y los ánimos se encuentran encendidos, cualquier exceso puede detonar un conflicto de dimensiones mayores que debilite la legitimidad y operatividad del PJF. Por ello, tanto titulares como personal deben reconocer su papel: los primeros, con liderazgo sensible y apertura; los segundos, con disposición y profesionalismo.
La única salida es generar diálogo y cooperación. El Poder Judicial no puede convertirse en campo de batalla; su misión es impartir justicia y servir a México, la justicia no puede ser rehén de disputas internas: su verdadero compromiso debe estar con México.
En el Poder Judicial, lo esencial hoy no es solo el conocimiento jurídico, sino la capacidad de enfrentar la polarización con entendimiento, coordinación y sinergia.




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