En tiempos convulsos, donde la desinformación se propaga con la velocidad de un clic y los rumores pueden arrasar con honras labradas a pulso durante décadas, resulta indispensable separar el ruido de la verdad. La reciente mención del nombre de Héctor Javier García Chávez en un video atribuido a un grupo armado no puede ni debe eclipsar la sólida formación política y social de un hombre cuya vida ha estado marcada por la organización, el activismo y el servicio público.
García Chávez no es un improvisado ni un advenedizo en la política mexicana. Nacido en la Ciudad de México, su historia comenzó en las aulas del Instituto Politécnico Nacional, donde cursó Economía y, más allá del aula, se convirtió en líder estudiantil y cofundador de la Organización Nacional de Estudiantes. Ese primer paso fue el germen de una vida dedicada a la participación social y a la defensa de causas colectivas, rasgos que explican la confianza que distintos sectores han depositado en él a lo largo de los años.
Su paso por el PRD —donde llegó a ocupar la Secretaría de Asuntos Electorales del Comité Ejecutivo Nacional— marcó una etapa de lucha por democratizar los espacios públicos y garantizar la representación política. Más tarde, al incorporarse a Morena, García Chávez refrendó su compromiso con los ideales de transformación y justicia social que siguen vigentes en el debate nacional.
No hablamos de un político de escritorio. Su biografía revela a un hombre cercano a las comunidades, con experiencia en la solidaridad internacional, en el sindicalismo, y en acciones concretas como su participación en la reconstrucción tras el terremoto de 1985. También se ha desempeñado en ámbitos estratégicos: diputado federal y local, presidente de la Junta Política y de Gobierno del Congreso de Morelos, jefe de la Oficina de la Gubernatura, director general del DIF Estatal de Guerrero y responsable de análisis político en Michoacán. Un mosaico de responsabilidades que lo colocan como un referente de experiencia y madurez política.
Es cierto que la política mexicana ha estado manchada por excesos y sospechas, pero no todo cabe en el mismo costal. Resulta injusto y peligroso dar credibilidad a mensajes anónimos que buscan manchar trayectorias sin pruebas ni fundamentos. En este caso, más que un señalamiento real, estamos frente a un ataque mediático que pretende debilitar a una figura clave en la estructura gubernamental de Morelos.
Hoy, más que nunca, corresponde a la ciudadanía y a los medios ejercer un sentido crítico y recordar que el prestigio no se construye de un día para otro: se forja con años de trabajo, compromiso y resultados palpables. Héctor Javier García Chávez es un político con una vida pública verificable, con aportaciones concretas a México y con una historia que desmiente cualquier intento de reducirlo a un rumor infundado.
En medio de la tormenta de desinformación, el mensaje debe ser claro: reconocer y dar valor a quienes han dedicado su vida a servir. Porque difamar es fácil, pero construir, como lo ha hecho García Chávez, es tarea de toda una existencia.




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