Reforma electoral: una dura batalla

La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, ha iniciado ya el proceso para la reforma electoral, que contempla entre otros conceptos, eliminar las diputaciones locales, federales y senadurías de representación proporcional, posiciones creadas fundamentalmente por los partidos para tener presencia en los congresos sin ganar mediante votos en las urnas; del mismo modo, de ser aprobada, reduciría al mínimo las prerrogativas a partidos.

Este ha sido un añejo reclamo de las mayorías populares, sobre todo a partir de que esos institutos dejaron de ser puentes y gestores para buscar solución a necesidades sociales; se convirtieron en una pesada carga económica, porque sabrá usted que todo ese dinero lo pagamos los contribuyentes.

Son miles de millones de pesos los que consumen, aún en tiempos no electorales, y si a lo anterior le agregamos esos “representantes populares” que no representan a nadie, pues es una suma increíble que ayudaría a resolver tantas carencias ciudadanas, de ahí que se trate de un tema fundamental en la vida política de México.

Partidos que ya no son capaces de ganar curules y escaños de mayoría vienen desarrollando una dura contraofensiva para tratar de descarrilar la propuesta y argumentan que los plurinominales son la inclusión de las minorías en las estructuras del Poder Legislativo; el problema es que se ha venido cayendo en el abuso y existen personajes totalmente repudiados e impopulares que bajo este mecanismo se perpetúan en esos espacios; aquí tenemos algunos ejemplos, como la dirigente estatal del PT, Tania Valentina.

El compromiso es desarrollar una consulta popular para conocer la posición de los electores al respecto, pero consideramos que una absoluta mayoría, a excepción de quienes tienen intereses directos, estará de acuerdo. Tenemos amargas experiencias de esos “legisladores” sin votos, que son vividores de la política y sanguijuelas del presupuesto.

Buena parte de quienes ostentan curules o escaños pluris muestran actitudes antipatrióticas, como el líder nacional del PRI, Alejandro Moreno, o la ahora panista Lily Téllez, que vienen tocando la puerta de la Casa Blanca para que intervenga militarmente en México, a ese extremo llegan.

Habría que ver cuál pudiera ser el balance electoral entre opositores y afines a la reforma, porque ir contra la voluntad de las mayorías es perder bases sociales, como pasa en lo referente a la defensa de la soberanía nacional. Por lo tanto, es previsible que bajo este tipo de defensas, la oposición se haga cada vez más chica. ¿Usted qué cree?

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