Job 16:6-8: Si hablo, mi dolor no cesa;
Y si dejo de hablar, no se aparta de mí.
Por: JUAN LAGUNAS
No soy nadie. Si acaso, un boceto de resuello, que duerme, trabaja, come (por interrupciones), disiente, habla (en silencio), levanta el polvo, promete, hipa, lacera, imprime documentos baladíes, corre, ayuna…
Si desajusto, la ceguera de los ignorados fallece (en cerco). Estoy arrinconado en tu descuido: un madrigal de socavón. Toma laudos: vete. Frente a ti, los desiertos de la insuficiencia de la incapacidad de escribir (el padecimiento de mi cuerpo).
Eres letra indescifrable, como la noche. O la adoración de la moneda que, al sumergirla en una pila bautismal (del paganismo), cae en otro ruido: la pertinacia.
No debo abrir la voz en medio de la codicia: él, tú, ella, aquél, la desmedida, una delgadez, el improperio de desecamiento, el resentimiento, la canónica, el aditamento de Nobokov, el bandullo voluminoso, la pestilencia…
¿Qué clase de hombre es el cambio de la situación? Es decir, ¿la dádiva? La droga me marea. Absorbo el humo. Y la estela (sin desliz) deambula en Inés (esa mujer desamparada, que padeció de desprecio y soledad).
Si departo… El malentendido no tiene detenimiento. Y tú, depuesto, reclamas la insignificancia filológica: redundancia, fleje negado. El verdín de tus concavidades (latente; oculto: bajo una bata oscura, que no condesciende). ¿Estoy haciendo mal? ¿Planeas un viraje hacia Ankara? En cierta forma, no estás aquí. Eres apariencia… Fumarada. En “La palabra infinito”, Ida Vitale sufre:
Sílaba a sílaba intentas convocarlas
sin que una luz anuncie su dominio,
una sombra señale a qué distancia de ellas
está la opacidad en que te mueves.
Un paso, enflaquecimiento circunstancial (tras la poma flotando -en la cabeza de una hechura desmesurada-). Vuelve:
Van a algún punto del resplandor y anidan,
cuando las dejas libres en el aire,
esperando que un ala inexplicable
te lleve hasta su vuelo.
¿Es más que su sabor el gusto de la vida?
No hay: “de repente”. No tiene demonstración (la exaltación). Es un acogimiento sin ateneo olfativo de juramento. Qué beldad eres; te ves en la imagen de la calina; sobremanera, cuando tenías 14 años, en la playa, muerta, con respiración; sin manos; desnuda (con los cabos en el aire). Divagación inerte: tengo miedo. No me muevo. Extiendo mis dedos en la deserción. Háblame. O… Pierde la vida.




Dejar un comentario