JUAN LAGUNAS P.
Estás a mi lado. En silencio. Y escuchas la amargura de desprecio. ¿Por qué? No le haces falta a nadie. Tu padre, ininteligible, pasa por un costado, sin hablar. Es un sotechado de irascibilidad.
Mis dedos no pueden escribir Lo he dicho en otros momentos: la pausa del encierro de ella y él: de sé. Un tiempo que no avanza. A continuación, el día nublado de los hongos:
La hipocresía, en contubernio. Eran dos (más el mustio y el enfermo de depresión). Se hablaban en clave: querían matarse. Aquél, hábil; éste, un detonante de descenso.
El aire agitado cierra las puertas. Atrás, rumbo a Cristo, la transgresión pensativa. Y, en seguida, la imploración. No. El oriundo de Miacatlán se desvivió en la consecuencia de 10 metros. Ni me recuerda. No sabe. No entiende. Por ende, nunca vivió. Abrió sus brazos en la… No vale la pena atraerlo.
Tus vestidos, dentro del escondidijo, es pena. Para normalizar la ternura, las palabras se vuelven morfemas:
E.
D.
D.
F.
V.
A la vez, insuficiencia: (por la congoja de absorber la inutilidad del etil). En “El alma del vino”, Baudelaire dice:
Disfruto de un placer inmenso cuando caigo
En la boca del hombre al que agota el trabajo,
y su cálido pecho es dulce sepultura
Que me complace más que mis frescas bodegas.
¿Audiciones? ¿Domingo depreciable? Ya vete. A la zaga de la casa encriptada:
Y he de caer en ti, vegetal ambrosía,
Raro grano que arroja el sembrador eterno,
Porque de nuestro amor nazca la poesía
Que hacia Dios se alzará como una rara flor.
Los símbolos de entretanto se hacen pausa. Tengo (o debo) de desprenderme en tus brazos cerrados. La abolida vista de cántaro. La lluvia tenue (en el traspatio) mueve la gravitación: sin censura; con encierro. El desadaptado (vate) abarca:
En la no e… Sobre el tiempo.
La deslealtad es un intenso asuramiento. De tu frente sale el desequilibrio: la escasez de vocablos: el agua que no cae. La humedad de la pared amarilla, que alguien divisa. La repetición de fuga. La…




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