A partir del 14 de julio, el jitomate producido en México enfrentará un arancel del 20.91% al ingresar a Estados Unidos. La medida, anunciada por el Departamento de Comercio estadounidense, marca el fin del acuerdo de suspensión suscrito en 2019 y modifica las condiciones bajo las cuales se ha desarrollado uno de los intercambios agrícolas más relevantes entre ambos países.

De acuerdo con estimaciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, esta decisión provocará una reducción de aproximadamente 5% en las exportaciones mexicanas del fruto durante 2025. El volumen exportado, que en 2024 se proyecta en 2.06 millones de toneladas métricas, disminuiría a 1.96 millones en el siguiente ciclo.

Estados Unidos representa el principal destino para el jitomate mexicano, concentrando más del 90% del total exportado. Durante 2023, México envió 1.92 millones de toneladas a ese mercado, y se anticipa una reducción a 1.83 millones en 2025, según proyecciones oficiales.

El jitomate ocupa una posición estratégica dentro de las exportaciones agroalimentarias de México. Con un valor comercial estimado en 3,200 millones de dólares anuales, figura entre los productos con mayor peso económico en el sector agrícola. El nuevo impuesto modifica los márgenes de rentabilidad, influye en las decisiones de siembra y puede alterar el flujo de inversiones en zonas productoras.

Sinaloa concentra cerca de una quinta parte de la producción nacional. En esta entidad, las condiciones climáticas adversas han limitado la disponibilidad de agua. La Comisión Nacional del Agua reporta que casi la totalidad del territorio estatal presenta algún grado de sequía severa, lo que ha comprometido los niveles de almacenamiento en presas y la capacidad de riego.

Otras entidades con alta participación en la producción de jitomate incluyen San Luis Potosí, Michoacán, Baja California Sur y Morelos. Mientras Sinaloa lidera los envíos durante el invierno, en las estaciones cálidas la actividad se desplaza hacia el centro y occidente del país.

Para 2025, se prevé que la producción nacional alcance 3.1 millones de toneladas, una disminución de 3% respecto al año anterior. Esta reducción ha sido contenida gracias al crecimiento de la agricultura protegida. Actualmente, siete de cada diez unidades se cultivan bajo condiciones controladas, lo que permite una mayor eficiencia frente a factores externos.

Productores y exportadores han comenzado a diversificar sus mercados. Se identifican oportunidades emergentes en Canadá, países europeos y algunas regiones de Asia. También se ha observado una mayor demanda de variedades diferenciadas como heirloom, cóctel y uva. Sin embargo, el mercado estadounidense sigue siendo el más relevante por su volumen, cercanía geográfica y valor comercial.

El establecimiento del arancel plantea desafíos para el sector agrícola y para la relación bilateral. Más allá de los efectos directos sobre precios y exportaciones, el impacto podría extenderse hacia la organización de las cadenas de suministro, los esquemas de inversión y las políticas públicas relacionadas con el comercio agroalimentario.

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