Daniel Alcaraz
No puede Cuernavaca. La muerte sigue rondando.
Las autoridades, tanto estatales como municipales, no logran bajar las estadísticas de la violencia. El número de víctimas continúa imparable, incluyendo a personajes con algún liderazgo y presencia social. Lamentables hechos han sucedido estos días, tanto en Cuernavaca como en Huitzilac, este último municipio vive en la ingobernabilidad.
Todos los crímenes son dolorosos, sobre todo cuando se trata de personas que nada tienen que ver con el bajo mundo del delito. No se niega que hasta este momento no vemos indicios de complicidad entre la administración pública estatal, el alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, con los grupos de delincuencia organizada, pero eso poco cuenta si la inseguridad es tan alta como si lo estuvieran.
Es más, nos parece que el titular de la Comisión Estatal de Seguridad y Protección Ciudadana, Miguel Ángel Urrutia, hace lo humanamente posible para combatir a los delincuentes, pero en la realidad las cosas a veces se ven peores. Muchas reacciones e impotencia provocó el asesinato de la hija de la conocida abogada, exalcaldesa capitalina, Sara Olivia Parra Téllez, presuntamente por intento de robo del vehículo en el que viajaba.
Qué decir de otro suceso en Huitzilac, donde mataron al hermano de Alejandro Mancilla Cueto, a quien a su vez privaron de la vida hace apenas unas semanas. Simplemente, las autoridades en sus tres niveles de gobierno se muestran incapaces de frenar esas oleadas de sangre y solo salen con el argumento de siempre, “abrimos las carpetas de investigación”, aunque jamás atrapen ni a una gallina. Eso sí, le dan vuelo a acontecimientos en la materia como el ataque a un presunto líder del cártel de la Familia Michoacana en el Parque Melchor Ocampo, pero perpetrado por otro grupo contrario.
Reiteramos, apreciamos la voluntad de Urrutia por dar resultados, aunque no se ven, pero en lo que compete a Cuernavaca, a partir de la salida de Alicia Vázquez Luna como responsable de la SEPRAC, se retrocedió totalmente y lo único que atrapan son raterillos de poca monta.
Tristemente, en política, todo se basa en negociaciones y en lo que compete a la ciudad, todo lleva a pensar que a partir de su reelección, Uriostegui Salgado tuvo que ceder algunas posiciones del Ayuntamiento, entre ellas, precisamente la Secretaría de Seguridad y la de Desarrollo Sustentable, en ambas el desempeño era mediocre, se perdió el ritmo que se traía. Vea Cuernavaca, volvió a convertirse en Cuernabaches. No se ve trabajo de bacheo como antes, labor que tiene que hacerse previo al inicio de la temporada de lluvia, ya están encima y no es prudente tirar asfalto, se lo lleva el agua.
Volviendo al tema de la violencia. ¿Usted cree que no saben quienes son los cabecillas generadores de violencia en Huitzilac, Cuernavaca, Cuautla…? ¿Por qué no van por ellos? ¿Hay protección y componendas? Por lo menos hay sospechas. ¿O acaso es incapacidad? Pudiera ser.




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