Ray Cárdenas

Para cuando escribo esta columna, lo hago con una tristeza muy grande. Como mexicano, me duele profundamente lo que se dice, lo que se alega, lo que se oculta detrás de un “arbolito”. 

Los mexicanos somos responsables de lo que ocurre hoy. Y la verdad es que sí: nos dieron —una vez más— la oportunidad de elegir. ¿Y qué hicimos? Elegimos, una vez más, a Morena. 

El sistema hizo de las suyas. Hubo acordeones, hubo trampas declaradas. Pero lo peor fue que, pese a eso, la fórmula del contraataque estaba clara: votar por quienes no aparecían en esos panfletos tramposos. Y no lo hicimos. 

Eso es lo más triste. Tuvimos en las manos la posibilidad de contrarrestar al sistema. Como cuando se hizo la consulta para la revocación de mandato: todo mundo se quejaba de Andrés Manuel López Obrador. Pero al final, México decidió que siguiera. 

Grandes manifestaciones, grandes desacuerdos, grandes opiniones de sillón. Pero a la hora de votar… nada. 

Este México que se nos viene encima es realmente desolador. Todavía no nos cae el veinte de que la prisión preventiva oficiosa es una realidad —y nos la clavaron en el último día del 2024. 

Hoy fui a votar. Fueron seis boletas para los del estado de Morelos. Cuatro de seis candidatos no los conocía. Nunca los vi haciendo campaña. Perfectos desconocidos que sí aparecían en los acordeones, en esos panfletos que claramente fueron creados, copiados y distribuidos por funcionarios del estado de Morelos. 

Muchos seguirán sonriendo desde su posición hipócrita, cobrando su cheque después de haber traicionado a México. Serán parte de esta gran farsa, que —insisto— pudimos haber frenado. 

Viene un México del carajo. Uno donde tendremos que asumir las consecuencias de vender la conciencia a cambio de dádivas. No hablo de recibir lo que merecemos, sino lo que nos lanzan para callarnos. 

El expresidente salió a votar. Se presentó. ¿Digno? Tal vez. ¿Democrático? Sin duda. Fue con la intención de llamar a que los demás hiciéramos lo propio. 

Pero en esa rebeldía estúpida, muchos prefirieron no hacerlo. Prefirieron abstenerse. Ojalá también se abstengan de opinar, de criticar. Ojalá se la traguen completa, como lo merecen, todos aquellos que no hicieron nada por defender la democracia. 

Hoy se entierra a México, sí. Es una realidad. Pero todos los que no fueron parte del contraataque echaron su propio puño de tierra.  

El 1 de junio será fecha de luto. El día en que los que solo participan para opinar, pero no para actuar, recibieron su premio: el triunfo del abstencionismo. 

Ganó la ignorancia, ganó la cerrazón. Murió la democracia. 

Disfruten lo no votado. 

Ahora toca decirlo con todas sus letras: 

Descanse en paz, la democracia en México. 

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