Por Daniel Alcaraz
Conflicto sindical de gobierno, más delicado de lo que se ve
El Sindicato de Trabajadores al Servicio de Gobierno del Estado busca mejorar sus condiciones laborales, como ocurre cada año. Contrariamente a lo que se podría pensar, se advierte de una cerrazón por parte de quienes, desde el gabinete, encabezan las mesas de negociaciones, llegando al grado de amenazas, compra de conciencias y condicionamientos que no corresponden a la política laboral impulsada por la 4T.
De acuerdo con lo revelado por algunos asesores del movimiento de burócratas, que el jueves pasado debió realizar una marcha para presionar, las cosas internamente están más complicadas de lo que oficialmente se muestra hacia el exterior.
Encabezados por José Ramón Wong, su secretario general, pidieron la intervención directa de la gobernadora Margarita González Saravia para encontrar respuesta a sus demandas de mejora salarial y prestaciones, porque, durante las reuniones, no se ha resuelto uno solo de los nueve puntos del Pliego petitorio.
No parece ser cierto lo que declara Jorge Salazar, secretario de Administración del gobierno estatal, quien busca aparentar que las cosas van bien. ¿Sabrá González Saravia lo que realmente está pasando? Porque el trato que se les da a los sindicalizados es indignante; los humillan y buscan ridiculizarlos en los encuentros, cuando son los ‘operadores’ gubernamentales los que no tienen nivel ni capacidad.
¿Por qué lo decimos? Porque, violando sus derechos y la política de la cuarta transformación, los hicieron firmar un acuerdo mediante el cual solo los trabajadores pueden acceder a las mesas de diálogo, no los asesores. El abogado de estos es un joven que tiene fama de ganar literalmente todos sus juicios y le tienen miedo. Lo han dejado entrar más a fuerza que por ganas, pero condicionado a no hablar. ¿Quién creería que esto pasaría con un gobierno que se dice humanista?
Luego de la marcha, subieron a dialogar al palacio y un funcionario que se comporta como un gangster buscó impedir el ingreso del abogado, poniéndole el brazo en el cuello. Por eso preguntamos: ¿sabe González Saravia todo esto? ¿Acaso es instrucción suya darles este trato despectivo? Consideramos que no, porque entonces esta administración no tiene nada de izquierda.




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