Jesús Sedano  

Nos encontramos en el quinto mes de mayo, con la celebración a San Isidro Labrador, el día 15, una fecha significativa para el agricultor.  

La tradición de nuestros pueblos que sigue practicando hasta el día de hoy, la actividad de arar la tierra, para sembrar los granos de maíz. Entre ritos y tradiciones se prepara la tierra.  

La tierra en los campos tradicionales, aún están cercados por tecorrales, algunos rodeados por arboles de zompantle o alambrados (palos y alambre). Los usos y costumbres en los pueblos son días de bendecir la tierra. 

Preparar la tierra, es de gran importancia para la siembra en la región de Morelos; el tipo de suelo; el clima también depende para el tipo de labranza. El agricultor elige su método de acuerdo con sus características, siempre y cuando a sus posibilidades; esto siempre con la intensión de conservar la tradición de sembrar sus tierras. 

Puede ser de manera tradicional, arado con madera y con ayuda de dos bueyes; el arado mecánico, el tractor permite arar la tierra con mayor profundidad para ir formando los surcos y así, tenga la tierra una mejor filtración de agua. 

Manipular la tierra para lograr un mejor proceso de sembrar la semilla (el maíz), y el crecimiento de este tenga como resultado un buen cultivo. Hablar de la relación de maíz, tierra, agua y aire en este ciclo agrícola, es característico entre las familias; sobre todo, por tradición, usos y costumbres año con año mantienen viva la esperanza de tener una buena cosecha. 

Para obtener buena abundancia de la tierra, el ciclo agrícola se liga a las festividades o rituales que por usos y costumbres a la petición de lluvias y a la fertilidad de la tierra, por ser un recurso necesario para el crecimiento del maíz. 

Aún la costumbre de ofrendar a los aires, que son alimentados del olor de la comida, fruta, incienso para que sean los encargados de acarrear las nubes que dejaran caer la lluvia sobre los campos. 

El ciclo agrícola practica productiva y social, relacionada a los ciclos naturales con las comunidades campesinas. Sus tierras se vuelven espacios de culto, ritualidad, gratitud y sagrados, como parte de su cultura e identidad de acuerdo al tiempo y espacio; en nuestros días, sigue teniendo presencia como modo de vida y de sustento. 

El territorio morelense, siempre ha desarrollado el ciclo agrícola, por su diversidad en su naturaleza, su clima cálido-húmedo, climas templados; los agricultores aprovechan sus tierras para la productividad, convivencia familiar y comunitaria. 

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