Ray Cárdenas
De manera reciente, la presidenta de México acaba de echar a andar uno de los sueños dorados de la Cuarta Transformación: someter a los medios de comunicación, ahora en el marco de las redes sociales.
La censura en México siempre ha existido. Desde el caso de Carmen Aristegui, quien salió del aire por referirse al entonces presidente Felipe Calderón como alguien con problemas de alcoholismo —algo que ella aclaró en su momento—, lo que finalmente le costó su contrato con MVS y su salida del noticiero.
¿Qué podemos decir del maestro Pedro Ferriz de Con, quien tuvo que irse de México para poder seguir haciendo periodismo? También fue sacado del aire tras confrontaciones con Enrique Peña Nieto y con Andrés Manuel López Obrador.
¿Y qué decir del estado de Morelos? La censura está presente a otro nivel. Recordemos con cariño a nuestro amigo Roberto Carlos, quien hace un año fuera privado de su libertad y de su vida tras presentar un video en el que señalaba a políticos hoy en el poder.
También podríamos mencionar a los periodistas que, durante el sexenio de Graco Ramírez, simplemente tuvieron que dejar de escribir. El entonces gobernador pidió que los periodistas críticos quedaran fuera de la nómina y del escenario público. Con Cuauhtémoc Blanco, la historia se repitió: enfrentamientos innecesarios, política inexperta y, peor aún, dominada por la víscera humana.
La política odia de manera frontal a los medios de comunicación, pese a que sin estos no habría políticos. La magia de comunicar permite convertir a un don nadie en un personaje importante, aunque sea solo por un tiempo. Los periodistas, sin embargo, siempre seremos los héroes de esta película.
Lo peor es lo que entiende la gente: no se informa bien y opina cada tontería que deja mucho que desear sobre el futuro de este país.
La gente pensante ya lo advertía: el “Venezuela mexicano” está cada día más cerca. Así comenzó Hugo Chávez, igual que ahora Claudia Sheinbaum: diciendo una cosa y haciendo otra, como Andrés Manuel López Obrador, quien dio atole con el dedo a los pobladores afectados por la termoeléctrica prometiéndoles algo que nunca cumplió. La salud del bienestar jamás llegó.
Pero, ¿qué tal el milagro financiero y empresarial de una marca de chocolates que se volvió estandarte del “sueño mexicano” entre sus herederos?
Regresando al punto de esta columna: la presidenta ahora pretende apagar las redes sociales que no estén de acuerdo con ella o ataquen a la Cuarta T. Es el colmo.
Además, quieren hacernos creer que los errores en los decretos fueron simples equivocaciones. Cuando cualquier persona con tres dedos de frente sabe que un decreto pasa por varias cabezas y es revisado por expertos en gramática y derecho. No pueden “equivocarse” tan fácil.
Nos quieren seguir dando atole con el dedo, y cada vez se ofenden más porque no nos dejamos.
Ojalá, ojalá, ojalá la gente pensante defienda nuestra libertad de expresión, el último bastión que nos queda.
Y ojalá que Mark Zuckerberg, como el empresario más influyente en medios del mundo, dé un manotazo y diga: no voy a permitir que apaguen a mis suscriptores.
(Elon Musk ya se volvió loco).
La Cuarta T también tiene cola que le pisen.
Y en Morelos, ahí vamos… No nos queda más que mantener la sonrisa, porque, por un lado, la gobernadora hace lo que puede, y su equipo… pues parece que sólo finge que hace.
Nos vemos en la próxima.




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