Ray Cárdenas
Definitivamente, México es el país de los romanticismos. Un lugar donde, día con día, dejamos crecer lo que no debería. En este México, donde todo lo que no debiera pasar se vuelve normal, se romantiza.
¿Y por qué les digo esto? Hace algunas semanas ocurrió algo en el Palenque de Texcoco. Una gran cantidad de orangutanes —porque no encuentro otra palabra— reaccionaron violentamente ante la negativa de Luis Reconíquez a interpretar sus corridos tumbados.
¿Y qué hicieron las autoridades? ¿Los diputados federales? No todos, obviamente. ¿Los senadores? Tampoco todos. Pero sí la única presidenta que teníamos: simplemente han sido tibios. Muy tibios.
En este país, es más delito fumar o inhalar vapor de un vape que hacer apología del delito. Es más grave falsificar boletos del metro que plagiar una tesis. Y las autoridades solo atinan a decir: “Les sugerimos que no hagan esto, que no hagan lo otro”. En este México donde ni siquiera hace falta que digan: “Les sugerimos que no se dediquen al narcotráfico, que no secuestren, que no asalten, que no sean corruptos”.
La autoridad en México es lo más tibio que puede haber.
Y mientras sigan así las cosas, se reafirma ese dicho infantil: “Los vamos a acusar con su mamá”. O aquella frase ridícula del sexenio pasado: “Abrazos, no balazos”. Nada ha funcionado.
Mientras tanto, Estados Unidos nos pone el ejemplo: tirar un papel en la calle es motivo de multa. Ni hablar de pasarse un alto o agredir a un oficial de la ley.
Aquí, en el México que vivimos, pasa de todo. Y lo más que hacen las autoridades es sugerir que no se haga.
El día que nuestras autoridades ejerzan la ley como debe ser, con carácter, las cosas cambiarán.
Enhorabuena por todos aquellos que se atrevieron a competir por la renovación del poder judicial. Los que están compitiendo tienen, en su mayoría, algo muy sencillo y muy definitivo: credibilidad, academia y, muy pocos, honorabilidad. Eso es lo que hace la diferencia.
Falta que lleguen los que realmente deben estar. Porque, de lo contrario, si la Cuarta Transformación mete las manos en este proceso, no se extrañen de ver a un “Coche Loco” de juez o a un “Benny” de magistrado.
Este país va a funcionar el día que se ejecute la ley y dejemos de ser tan “buenitos” o tan “malitos”, y simplemente seamos justos.
Así que, en la medida de lo posible, haga su parte por este México que nos toca. Porque, por parte de la autoridad, cada día estamos… definitivamente muy jodidos




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