Yovani Robles Abarca*
En muchas partes del mundo existe el mito de que una persona obesa es una persona sana, “llena de vida”; sin embargo, la realidad es otra. Debido a esta falsa creencia de que “estar llenito” es sinónimo de estar saludable, muchas personas no consideran a la obesidad como un problema de salud.
Para darnos una idea de la magnitud del problema, hablemos de números; la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estimó que en 2022 más de mil millones de personas en el mundo padecían obesidad, que equivale aproximadamente a una de cada 8 personas; en México, de acuerdo al Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), el 37% de los adultos tiene esta condición (más de 30 millones de Mexicanos para el 2020) lo cual significa que en Morelos para la misma fecha corresponde a casi medio millón de dicho grupo etario.
Tradicionalmente, la obesidad ha sido definida como un índice de masa corporal (IMC) mayor a 30 Kg/m2; sin embargo, recientemente en un artículo publicado por la revista Lancet, propone que el utilizar este valor como único criterio para la detección de obesidad puede llevar a catalogar de manera errónea si una persona tiene exceso de adiposidad (grasa) en su cuerpo o no; así mismo, propone la definición de obesidad preclínica (factor de riesgo para el desarrollo de otras enfermedades) y obesidad clínica (siendo una enfermedad por sí sola) e incluir otros parámetros para el diagnóstico de la obesidad además del IMC.
Se declaró el 4 de marzo como el día nacional contra la Obesidad con el objetivo de visibilizar el padecimiento y sensibilizar a la población sobre las implicaciones negativas que esta condición conlleva.
Ahora bien, dentro de las enfermedades asociadas a la obesidad, destacan las siguientes: hipertensión arterial sistémica, dislipidemia (elevación de colesterol y triglicéridos), gonartrosis (desgaste del cartílago articular de rodillas), SAOS (síndrome de apnea obstructiva del sueño), disglucemias (incluyendo prediabetes y diabetes mellitus), esteatosis hepática asociada a disfunción metabólicoa “MASLD” (antes hígado graso), cirrosis hepática, diversos tipos de cáncer, infartos al corazón, infartos cerebrales, insuficiencia renal, depresión y ansiedad, por mencionar algunas.
Actualmente sabemos que la obesidad efectivamente es una enfermedad, por lo que la mayoría de las veces no puede resolverse únicamente “echándole ganas”, si bien la dieta (cantidad y tipo de alimentos ingeridos) y la actividad física son puntos clave para mejorar la salud de las personas, está bien descrito que existen otros componentes más allá de estos dos puntos y que ciertas personas pueden beneficiarse de fármacos nuevos o incluso algunas intervenciones quirúrgicas que deben ser indicados por personal capacitado en el área para obtener los mejores resultados posibles, puesto que ninguna intervención en el organismo es inocua.
Sin el afán de caer en lo que algunos llaman “gordofóbico”, es importante entender que nuestro cuerpo no opina lo mismo que la mayoría de las personas que consideran a la obesidad como algo normal e incluso sinónimo de salud y estar “lleno de vida”. Es necesario buscar ayuda profesional puesto que muchas veces no es cuestión solamente de “echarle ganas” debido a que es un problema muy complejo que requiere la participación de un equipo multidisciplinario que apoye a las personas afectadas.
*Especialista en Medicina Interna e Infectología




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