Por Ray Cárdenas

Morelos ha atravesado momentos interesantes en su historia reciente. Y es aquí donde surge una reflexión importante: Cuauhtémoc Blanco nunca pudo deshacerse del fiscal Uriel Carmona en todo su sexenio. ¿No quiso? ¿No le alcanzó? ¿No tuvo la capacidad? O quizá fueron más las ganas de pelear que de resolver.

Blanco Bravo, ensimismado y con el consentimiento del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, se dedicó más a la confrontación que a la solución. En contraste, la gobernadora Margarita González Saravia lo logró en perfecta coordinación con el Congreso del Estado. Se movieron las fichas necesarias para concretar el relevo y, al final, la mandataria acudió a quien más confianza le tiene: el nuevo fiscal, un hombre de su total respaldo.

Pero más allá de este movimiento clave, hay algo que vale la pena destacar. Mucho ha sido el esfuerzo de la gobernadora, y quiero mencionarlo con objetividad, pero sobre todo con el compromiso que implica el ejercicio periodístico.

La gobernadora, sola en la cancha

Margarita González Saravia juega un partido que dura seis años, al frente del gobierno de Morelos. Y en esta contienda, pareciera que le toca la posición de Lionel Messi, el astro argentino al que –según dicen los expertos– le ponían los goles gracias a un gran trabajo en equipo.

Desgraciadamente, en Morelos no ocurre lo mismo. Aquí, la gobernadora ha tenido que buscar la jugada, crearla y anotar. Sus secretarios no le están ayudando. Hasta el momento, van tres cambios en su administración, y los que faltan. Muchos de sus colaboradores, en lugar de enfocarse en su trabajo, están más preocupados por la elección de 2027 que por cumplir con su deber hoy.

La realidad es clara: la gobernadora está sola. No la están apoyando. No diré nombres, porque es evidente quién trabaja y quién solo estuvo insistiendo para obtener un puesto, sin hacer nada después. Han pasado más de cuatro meses desde que algunos asumieron sus cargos, y aún no se entiende qué han hecho en todo este tiempo. ¿Desayunitos? ¿Reuniones? ¿Buenas intenciones? Con eso no es suficiente.

Morelos necesita que todos trabajen parejo y que no dejen sola a la gobernadora. Ella ha demostrado que sabe mover los hilos necesarios para lograr lo que quiere. Cuenta con el respaldo del Congreso y con el apoyo de la presidenta. Pero, insisto, muchos de sus secretarios están como ese pez que se hizo viral hace poco: emergió de las profundidades, subió a la superficie… y terminó sin vida.

Algunos dicen que ese pez quiso conocer la luz, otros aseguran que fue una señal del Leviatán, esa criatura mitológica más grande que el mismo rorcual azul. Lo único cierto es que, en Morelos, la gobernadora brilla como el sol, mientras que varios de sus secretarios están ausentes. Se ven, pero no se sienten.

Nos leemos en la próxima.

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