Por: Alfredo Soberanes
LA VENGANZA DE SHEINBAUM
Cuando el fiscal morelense, Uriel Carmona Gándara, al fin se decidió a tomar medidas, dando trámite a una solicitud de desafuero en la Cámara de Diputados Federal, para que enfrente un proceso judicial el peor gobernador en la historia de Morelos, Cuauhtémoc Blanco Bravo, acusado de tentativa de violación contra su media hermana, en una sesión ordinaria del Congreso local, el encargado de la procuración de justicia, fue destituido de su cargo en cuestión de horas, con dieciséis votos a favor y cuatro en contra. En dicha sesión, sin dar tregua al raudo proceso legislativo, también se nombró al nuevo fiscal general del estado, Edgar Maldonado Ceballos (gente de toda la confianza de la gobernadora, Margarita González Saravia) por nueve años en el cargo, quien con anterioridad, se desempeñaba como consejero jurídico del poder Ejecutivo estatal. El asunto timbrado desde Palacio Nacional con remitente en Palacio de Gobierno y con copia al Legislativo estatal, tenía carácter de urgente, tras la astucia de un fiscal notificado (no oficialmente) de su destitución, que quiso colgarse una medalla de apellidos Blanco Bravo, que no le corresponde.
Cabe recordar, que la destitución de Uriel, fue cantada desde el año pasado en las campañas electorales a la Presidencia de la República y la gubernatura de Morelos, por Claudia Sheinbaum Pardo, y Margarita González Saravia, respectivamente, pues se acusaba que en la Fiscalía de Morelos, había un titular omiso, y corrupto, que obstaculizaba la justicia. Es de resaltar, que la bandera recurrente de Sheinbaum en sus discursos, era Uriel Carmona, y más temprano que tarde éste iba a caer. La venganza de la presidenta Claudia, fue letal y una vez consumada su petición, felicitó al Congreso de Morelos, por destituir a su “enemigo político”, al considerar que cometió atropellos a la justicia y que durante su paso por la Fiscalía, quiso hacer pasar feminicidios como suicidios.
Empero, la cesantía urielista despertó desconfianza entre la clase política, líderes de opinión y medios de comunicación, al ser coincidente con la petición de desafuero contra Cuauhtémoc, acusando a la 4T de proteger al actual diputado federal de Morena y ex futbolista.
Lo cierto es que, la trama en lo inmediato, denota protección de Morena, a un personaje que fue privilegiado durante toda su gestión por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, y sobre el que recaen denuncias por corrupción, asociación delictuosa con narcotraficantes y hasta una tentativa de violación. En la intriga de fondo, la venganza de Sheinbaum delata, no solo el recelo contra el ex fiscal morelense, sino la oportunidad de legitimar su mandato con una cabeza importante como la de los ex gobernadores Morelos y Veracruz, Cuauhtémoc Blanco Bravo, Cuitláhuac García Jiménez, respectivamente, así como la del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quienes enfrentan denuncias por diversos delitos. Si a cualquiera de los antes mencionados la presidenta le pasa guillotina, no solo le dará legitimidad ante una ciudadanía harta de malos gobernantes, sino que será un aviso para sus correligionarios, con la máxima de cero impunidad y nada de tolerancia a la corrupción, así como castigo a los que incumplan la ley, sin distinción de colores.
Reporte Exprés.
Aunque el peor gobernador en la historia de Morelos, Cuauhtémoc Blanco Bravo, cínicamente eche mano de ruedas de prensa en la entidad, con sus famosas frases, como “el que nada debe, nada teme y aquí estoy dando la cara”, para acusar persecución política e intentos de extorsión en su contra, las denuncias por corrupción y tentativa de violación contra la que niega es su media hermana, ya están presentadas, así como la solicitud de desafuero en la Cámara de Diputados, donde inclusive, el líder de la bancada morenista, Ricardo Monreal, dijo que el asunto lo revisará la comisión respectiva para darle trámite. Durante su elocuente conferencia, al flamante diputado federal morenista solo le faltó llorar (como lo ha hecho en varias ocasiones), para hacerse pasar por la víctima y no por el victimario. Y sí, con tantas llamadas a rendir cuentas ante la justicia, ya es hora de que el aludido las pague.
¡Gracias por su confianza!




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