Ray Cárdenas
Margarita González Saravia, gobernadora de Morelos, ha llegado con una actitud que ya está marcando una diferencia palpable. Tras seis años de una administración caracterizada por el ausentismo de Cuauhtémoc Blanco Bravo, su liderazgo resalta como un faro de esperanza para el estado. No se puede negar que el periodo del exfutbolista, considerado por muchos como uno de los mayores “baches políticos” de la entidad, fue un reflejo de cómo la democracia puede llevar al poder a cualquier ciudadano con derechos políticos. Sin embargo, no toda la culpa recae en Blanco; parte del problema está en un sistema que, aunque democrático, a veces falla en garantizar la preparación de sus representantes.
Desde su llegada al poder, González Saravia ha demostrado que no está dispuesta a tolerar fallas. Dos integrantes de su gabinete ya han sido removidos de sus cargos, enviando un mensaje claro: aquí no hay espacio para la mediocridad ni la deslealtad. Un ejemplo de su visión estratégica es la incorporación de Enrique Iragorri Durán en el Instituto de Crédito, un político con experiencia y lealtad probada, elementos que, según la gobernadora, son indispensables para la transformación que Morelos necesita.
Además, González Saravia ha lanzado un mensaje contundente: “Investigaremos hasta las últimas consecuencias los dineros perdidos en el gobierno de Cuauhtémoc Blanco Bravo”. Esta frase, que podría ser considerada como el lema de la semana, refleja su determinación de llegar al fondo de las irregularidades que marcaron la administración pasada. Aunque se sabía que los años de Blanco dejarían interrogantes, pocos imaginaban que estas investigaciones podrían tocar fibras sensibles, especialmente considerando la cercanía del exgobernador con figuras como el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
En Morelos, hoy gobierna una mujer que no teme retar al status quo. Margarita González Saravia ha dejado claro que quien le falle, se va. Este no es un juego, mucho menos una casualidad. Es una nueva era para el estado, liderada por una gobernadora comprometida a limpiar, construir y transformar.
Y es que, en sus propias palabras, el verdadero cambio no es una promesa, es un compromiso. Morelos ya lo está viendo.




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