Juan Lagunas P

La cadena cohesiva es como un viento obstaculizado, que mueve las hojas de un árbol imperceptible. Las bacas conmistas entre sí, habitualmente metálicas, son signos indecisos.

            EL vocablo es un efugio. A través de éste se disgrega el significado, como una conmutación irreflexiva en la destemplanza. El frío recorre las páginas abandonadas. 

            El plegado, extravagante. Un empaste grueso sobre papel: líneas profusas; hebras al aire de un cuerpo inactivo. La metáfora disocia la concavidad lingüística. El hablante, mudo, emite símbolos connotativos: volúmenes malintencionados y evanescentes de descomedimiento

            Lo etrusco, en la asta de la entelequia: acrosoma; incisión; aplicación de grapas. La sugerencia discordante… Tu mano mirífica sitia la luminiscencia. El entorno, oscuridad. La casualidad es arquivolta vetusta (deshilvanada): cerdamen de blanco de manezuela. En “Vencidos”, León Felipe afirma:

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura

de don Quijote pasar.

            La intermisión es un borde de descuido: afluente brusco en el estante de la insensatez de ribera inicua. Somos parrandee (trasnoche) en una mañana de la turbación de la resistencia. 

            ¿Qué expresa Pedro Antonio de Alarcón?

De Simeón la triste profecía

anúnciale una vida de dolores,

y huye a Egipto, temiendo los furores

con que Herodes al Cristo perseguía.

Crece su pena y crece su agonía,

cuando pierde a la luz de sus amores,

y su duelo y su luto son mayores,

al hallarle del Gólgota en la vía.

            El alma, desanderada, duele. El temporal de letras no sabe adónde zanjará. La ambición es una calzada de afonía. Pienso en frases. Verbigracia: “La melancolía es la felicidad de estar triste”: Víctor Hugo. O: “La pena se olvida en medio de los recuerdos”: Ovidio. No volvemos al mismo sitio, del que nunca se zarpa. 

            La fogosidad nos enajena. El análisis del mar es una multitud de despojos de interpretaciones. Voy; regreso… No me muevo. Empero, el oriundo de Guadix prosigue:

Se aumenta su pesar cuando la muerte

dobla la frente del Crucificado,

añadiendo amargura a su amargura

el abrazar después su cuerpo inerte,

y más y más su pecho es angustiado

al dejarle en la yerta sepultura.

            Es decir, Cristo es el Redentor. Se humilló, para que las transgresiones fueran encubiertas. 

El poeta no se expresa en terminologías desprendidas; al contrario, pugna por las unidades inherentes. Soy alegoría. Sufrimiento…

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