Ray Cárdenas
Al día de hoy, uno de los reclamos constantes de la sociedad es la resolución de los problemas cotidianos. ¿Cuáles son estos problemas? Los baches, la falta de luz, la falta de agua, la demanda de más seguridad, entre otros. Esto, obviamente, forma parte de los derechos que la ciudadanía exige todos los días a sus gobernantes.
Aquí la pregunta sería: como ciudadanía, ¿estamos realmente ejerciendo nuestras obligaciones? Y es que este es un tema que todos los días se repite. Sí, es cierto que las calles tienen baches. No se trata de justificar nada ni de defender a nadie, pero es una realidad que cuando se cierra una calle para repararla, lo primero que dice la gente es que la reparen, pero sin cerrarla.
En el caso de las fugas de agua, la gente reclama que se repare, pero sin cortar el suministro, porque “yo sí pago mi recibo y no tengo por qué quedarme sin el vital líquido”. Y esto se convierte en un dilema, porque hay muchos que no cumplen con esa responsabilidad, pero exigen que no les afecte.
¿Qué pasa cuando la gente sale a la calle a exigir más seguridad? Pero, ¿y los muchachos? Aquellos que agarran la vida de fiesta y se les ocurre echarse una caguamita banquetera afuera de su casa. Se molestan cuando llega la patrulla y les pide que se retiren, alegando que están en la vía pública y que no le hacen daño a nadie. Aquí aplica el viejo y conocido refrán: “Aplíquese la ley en los bueyes de mi compadre”.
En Cuernavaca, todas las mañanas las calles amanecen llenas de basura. Y es que la gente no saca la basura a la hora en que pasa el camión, sino horas antes, sin importarle lo que suceda, poniéndola al alcance de los perros callejeros, tema que abordaremos más adelante. Lo cierto es que la gente se queja de ver una ciudad sucia, sin entender que no se llena de basura sola, sino que la misma ciudadanía irresponsable es la que contribuye a este problema, con su dejadez, su desinterés y su actitud de pretender que un barrendero debe estar frente a su casa, o que un policía debe cuidar su garage.
Lo más importante de todo esto es que la ciudadanía también exige que las autoridades resuelvan todos sus problemas, los cuales son parte de la vida diaria. Y es que en Cuernavaca, “ningún chile embona”. Exigimos a las autoridades, pero también debemos poner de nuestra parte, porque el esfuerzo debe ser mutuo; el serrucho es de ida y vuelta.




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