CAROLINA RUIZ RODRÍGUEZ *
El pasado miércoles 6 de noviembre se llevó a cabo en el H. Congreso del Estado de Morelos. la instalación de la Comisión de Atención a Personas Migrantes, creada a partir de esta LVI legislatura con una gran tarea: buscar la reconciliación de los morelenses con el fenómeno migrante.
En el evento se generó el compromiso de crear un marco normativo que visibilice los derechos de las personas en tránsito, con residencia temporal o permanente en nuestro estado y país, pero principalmente, a trabajar para que sus derechos sean respetados, no otorgados; para que tengan oportunidad de sumarse a actividades productivas y acceso a programas sociales.
Lo anterior implica cambiar la forma en que percibimos, tratamos e interactuamos con los migrantes, que hoy son víctimas de discriminación y hasta criminalización por su mera condición, por parte de algunas autoridades y de la misma sociedad.
Aquí cabe precisar que lo anterior lo padecen hasta los propios migrantes internos, esto es, todos aquellos mexicanos que, por diferentes circunstancias, deben abandonar su lugar de origen y trasladarse a otro estado o, incluso, otro municipio, dentro de nuestro propio país.
Entre estos últimos, podemos identificar a integrantes de comunidades o pueblos originarios, que deben trasladarse a grandes ciudades o núcleos urbanos cercanos para vender diversos productos, adquirir suministros o bien, buscar mejores condiciones de vida.
También hay quienes huyen de su comunidad, por ejemplo, a causa de la violencia, por violaciones a sus derechos humanos, persecuciones, catástrofes naturales o provocadas por el ser humano; o por cuestiones religiosas, ideológicas e, incluso, étnicas, dando pie a la llamada migración forzosa.
En este sentido, cambiar nuestra percepción y atención a los migrantes es, de hecho, un proceso de reconciliación con nosotros mismos, como mexicanos y hasta con nuestros propios hermanos morelenses.
Lamentablemente, hoy parte de nuestro léxico para referirnos a los migrantes incluye palabras despectivas, que denotan discriminación, cosificación y hasta desprecio, lo cual es un termómetro de la tarea que debemos realizar como autoridades, representantes populares y como ciudadanos.
De lograr está reconciliación con nosotros mismos, sin duda, en mucho avanzaremos para entender nuestra cercanía y pasado común, sobre todo, con los migrantes de Centro y Sudamérica, quienes muchas veces le temen más a su paso por nuestro país, que atravesar por zonas de alta incidencia delictiva, controladas por grupos de la delincuencia organizada, por ríos o a travesar la temida región del Darién.
*Presidenta de la Comisión de Atención a Personas Migrantes en el Congreso de Morelos




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