Pobrismo / Vicente Gutiérrez Uriza
Se va el llamado presidente de los pobres, quien encontró en este sector una mina de votos para integrarlos a su proyecto político, ganar la Presidencia de México y mantener a su movimiento en el poder a través de Claudia Sheinbaum.
Ser pobre se convirtió en un acto de fe para los seguidores de Morena, ya que a cambio, varios integrantes de sus familias reciben recursos de diferentes programas sociales.
Curiosamente, mientras la propaganda oficial destaca haber sacado de la pobreza a cinco millones de mexicanos, ninguna institución ha evaluado la caída de millones de personas de la clase media en situación de debilidad económica. Es decir, la transformación se ha convertido en una fábrica de pobres.
Mientras los hijos de López Obrador y sus allegados hacían negocios, AMLO predicaba casi a diario contra los conservadores y los “fifís”, con un claro mensaje: no sean “ambiciosos vulgares” ni “aspiracionistas”, y acostúmbrense a vivir con lo necesario. Predicaba sobre el orgullo de ser pobre y la “pobreza franciscana”, pero su familia no aplicó ese modelo. Un hijo vive en una lujosa residencia en Houston porque, según él, “su mujer tiene dinero”, y el menor estudia en un colegio londinense de alto costo.
El resto de los hijos fueron identificados como participantes en contratos de obras de infraestructura, según conversaciones telefónicas y filtraciones de amigos cercanos a la familia. Ante esta información, el mandatario pidió pruebas, como si el amor y la riqueza inexplicable hubieran encontrado un modelo para ser ocultados.
López Obrador retomó el tema de la pobreza. Para quienes no conocen Cuba, es importante señalar que el gobierno revolucionario comenzó con programas de apoyo social, subsidiados por los soviéticos durante la Guerra Fría. Sin embargo, sin construir proyectos productivos ni crear millones de empleos, terminó con una sociedad parasitaria y alcoholizada.
En México han disminuido los empleos formales, mientras aumenta la actividad informal. Cerca del 60% de la población económicamente activa se dedica a la informalidad, lo que se refleja en millones de puestos de venta en las calles de todo el país.
Claudia Sheinbaum está abandonando poco a poco el discurso de “primero los pobres” para construir el mantra de ser un “gobierno del pueblo”. Esta es la fase superior del populismo: el pueblo manda y no reconoce a otros grupos de la sociedad, que ha sido segmentada en dos clases: ricos y pobres.
Uno de los escenarios clave en el combate a la pobreza lo marca una de las instituciones del Estado mexicano. “Desaparecer Coneval pone en riesgo la lucha contra la pobreza… Fusionar ambas instituciones significaría la pérdida de un modelo de evaluación y monitoreo que se ha construido en 20 años y que ha sido reconocido nacional e internacionalmente. La evaluación y monitoreo de los programas y las políticas sociales están completamente ausentes del mandato y experiencia del INEGI”, comunicó el organismo (La Jornada, 24/08).
Uno de los principales teóricos del tema de la pobreza en el siglo pasado fue el peruano Raúl Haya de la Torre, amigo de Carlos Pellicer, quien fuera jefe de AMLO. Para entender el pensamiento gramsciano de Claudia, Haya de la Torre se erige como uno de los ideólogos más influyentes del continente. Fundó el proyecto antiimperialista de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), una de las fuerzas políticas más influyentes en Perú y América Latina desde los años treinta. Junto a él, destaca José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista del Perú (PCP) en 1928 y conocedor de primera mano de la experiencia comunista en Italia, con gran influencia de Antonio Gramsci y su forma de entender la transformación social del Estado y el sentido de la revolución.
Extender la pobreza significa ampliar el espectro del control político mediante los recursos del gobierno y el aumento del padrón de beneficiarios. Como dijo Claudia hace unos meses, el Estado está obligado a sostener a los jóvenes, quienes, en muchos casos, renuncian a sus empleos al recibir siete mil pesos del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”. Cuando se cumpla la edad de atención o se agoten los presupuestos, podríamos tener no solo a miles de jóvenes ociosos, sino incapacitados para el empleo. Más pobres, pero con mucho “pueblo”, aunque parasitario.




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