El último grito de AMLO / Omar Arizmendi Hernández X: @om_arh22

El último Grito de Independencia pronunciado por el presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado 15 de septiembre fue un momento profundamente simbólico, no solo como la culminación de su mandato, sino como una reafirmación de los ideales y principios que han definido su administración y visión para el país. El Grito de AMLO fue más que una conmemoración tradicional; fue una declaración de principios que subraya las tensiones y esperanzas del México contemporáneo.

Al mencionar figuras históricas como Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y José María Morelos, López Obrador enlazó la lucha por la independencia con su propio proyecto de transformación. Al invocar a héroes y heroínas anónimas, reconoció el papel de millones de mexicanos que, a lo largo de la historia, han contribuido a la construcción del país, pero cuyos nombres no están grabados en los libros de historia. Esta mención es particularmente poderosa en un país donde la invisibilidad de los más humildes ha sido una constante. El ‘Viva la libertad, viva la igualdad, viva la justicia’ reafirma los pilares de la Cuarta Transformación, que busca revertir la desigualdad histórica y dar voz a los olvidados.

El grito de ‘que muera la corrupción, que muera la avaricia, muera el racismo, muera la discriminación’ es una clara referencia a los enemigos que el Presidente ha identificado como los principales obstáculos del progreso en México. Su gobierno ha colocado la lucha contra la corrupción como uno de sus principales objetivos, y este grito resume su compromiso de acabar con estos flagelos. Sin embargo, también refleja los desafíos que su administración ha enfrentado para materializar esta promesa, en un contexto donde la corrupción está profundamente arraigada en diversas estructuras de poder.

En una de las menciones más emocionantes, Andrés Manuel exclamó ‘que viva el amor’, lo que, en una ceremonia cargada de simbolismo patriótico, destaca el valor de la unidad y la reconciliación en una sociedad dividida. El presidente no solo dirigió su mensaje a los trabajadores y migrantes, grupos tradicionalmente olvidados, sino también a los pueblos indígenas, quienes han sido reivindicados en su discurso político como símbolos de la grandeza cultural de México.

Por último, el ‘Viva la Cuarta Transformación’ fue el punto culminante, un grito que cristaliza su proyecto de gobierno como la continuidad de las grandes luchas sociales del país, desde la independencia hasta la revolución. A través de su Grito, AMLO buscó no solo recordar el pasado, sino posicionar a su administración como parte de esa larga marcha hacia un México más justo y soberano. 

Este último Grito de Independencia no solo fue significativo por su contenido, sino por lo que representa en el contexto de su administración. Al concluir su mandato, López Obrador deja un legado complejo, lleno de retos y logros. Este grito final sirve como una especie de testamento político, una reafirmación de los ideales por los que su gobierno ha luchado, y un recordatorio de las promesas que quedan por cumplir.

No está de más decir que esto es a título personal

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