No se acaba la democracia / Omar Arizmendi Hernández

La discusión en torno a la reforma judicial en México ha generado opiniones divididas, pero es fundamental aclarar que esta reforma no pone en peligro la democracia. Al contrario, puede representar una oportunidad para mejorar la participación ciudadana y fortalecer las instituciones. 

Uno de los puntos más debatidos es la elección popular de jueces y ministros, lo que ha despertado temores de que personas sin la preparación adecuada accedan a estos puestos. Sin embargo, la realidad es que se establecerán criterios estrictos para garantizar que solo los más capacitados y profesionales puedan aspirar a estas posiciones. Esto no significa que cualquier persona pueda convertirse en juez o ministro. De hecho, se habla de requisitos que no solo mantendrían el nivel de calidad que exige la justicia mexicana, sino que lo elevarían, haciendo de la profesionalización uno de los ejes centrales de esta transformación.

En democracias consolidadas, la participación ciudadana en el nombramiento de sus autoridades no ha debilitado los sistemas judiciales. Al contrario, ha permitido una mayor transparencia y rendición de cuentas. México no sería una excepción. Si los ciudadanos eligen a sus representantes en el Poder Ejecutivo y Legislativo, ¿por qué no podrían tener un papel más activo en el Poder Judicial? Este tipo de elección no implica un desmantelamiento de la democracia, sino su evolución hacia una mayor participación.

Por otro lado, hay que subrayar que la reforma aún no está completa. Faltan negociaciones y ajustes, especialmente en lo que respecta a los transitorios. Es decir, el cómo y el cuándo de la implementación de estos cambios sigue abierto a discusión. Este hecho demuestra que el proceso no es apresurado ni radical, sino que está abierto al diálogo y la construcción colectiva, lo que también refuerza los pilares democráticos.

La reforma judicial no debe verse como una amenaza para la democracia. La elección de jueces y ministros, bajo criterios rigurosos, y las negociaciones pendientes, son signos de un proceso enfocado en mejorar el acceso a la justicia, fortalecer las instituciones y aumentar la transparencia. La democracia no solo no está en peligro, sino que tiene la oportunidad de crecer y adaptarse a las necesidades del México contemporáneo.

Antes de que se manifiesten contra esta columna vámonos con lo bueno, lo malo y lo feo.

Lo bueno: La elección de jueces nos hará sentir que, por una vez, tenemos voz en la justicia. ¡Ya era hora!  Lo malo: Algunos piensan que esto va a convertir el sistema judicial en un reality show, ¡relájense! Lo feo: Zedillo en 1994 redujo ministros, pero al final, aunque el Congreso disque designaba a los ministros, siempre que el Presidente el que decidía quién quedaba. 

No está de más decir que esto es a título personal.

¡Saludos!

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