Juan Lagunas
Ese valle adusto (ensombrecido) está zabullido en el dogmatismo. Hombres y mujeres entran… Y se arraigan a la palabra vana, que brota de la meretriz de Babilonia (tal vez; no lo sé).
Los abrazos so ahogamiento; las despedidas, simulación: angulemas de amargura que tienden cigoñales de oscilación. En medio, una niña (de un año), cuyos ojos se abren en la oscuridad de la caída de la nula bondad en el abismo de la intemperancia.
El entorno, un simple ademán. Los pájaros no se detienen en las ramas del descampado. El paganismo es una ceguera. Algunos vates escriben para sí; lo admiten; empero, mienten. Verbigracia: “Los amorosos”, de Sabines:
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan.
Disiento: el cariño entrañable sí sobrelleva. Resiste la tempestad. El tifón de la indiferencia surge de la esterilidad. La tormenta que jamás se va a mitigar es la blasfemia. Sobre esa acera andan muchos: solos y tristes… “No se encuentran” con la inmensidad del cielo.
Ese collado -de los sábados nublados y helados- es un terraplén de perversidad. Lo desconocen, mas ponen tilde sobre el acaecer idólatra. Por lo mismo, el testimonio de sumisión es ineludible. Que te oigan a Ti. Háblales (con denuedo).
Las aguas despejadas se sublevan sobre la noche. La degradación del procedimiento de un buque,cuando está sometido a la acción de las olas, estremece. Luego, el desprecio. En “El mar. La mar”, de Rafael Alberti, se lee:
El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?
La extensión del piélago es un sepulcro templado. La pilastra mortuoria avanza… Una codicia. El poeta insiste:
En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste acá?
El cadáver, contenido. Piedra calcificada -porosa-. Sin ti… En la Tróade. (El vestíbulo, intratable). Te hundes en el Mármara (de 2 a 3 horas).




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